Continuamos nuestro paseo para seguir descubriendo valores gastronómicos y conocer un poco más nuestro barrio. En esta ocasión nos gustaría hablar del Bar Piccola y de sus tortillitas de camarones.
El bar Piccola es uno de esos establecimientos que uno recuerda de toda la vida, recuerdo de infancia ,cuando iba a jugar a la plaza Mina, ese mostrador que daba a la calle donde vendían porciones de tarta imperial, y mi amiga Cristina Gaditana, hace poco, tomándome allí una cerveza con ella y sus padres, recordaba como de niña se asustaba con las caretas de payaso que forman parte de la decoración del bar.
| Careta del local |
El bar Piccola abre sus puertas en mayo de 1962 regentado por Emilio Sancho, padre de Luis, el actual propietario del establecimiento, que nos comentaba cómo de niño su padre le castigaba trabajando en el bar porque no era muy buen estudiante, pero finalmente estudió y se centró en el sector del metal, un tanto alejado de la hostelería, y trabajó en Aeronáutica hasta que su padre decide jubilarse y le ofrece continuar con el negocio familiar, y me imagino que tras darle muchas vueltas a la cabeza, pues la decisión lo requería, deja su trabajo, en el que llevaba más de diez años, para dedicarse al pequeño bar de su padre de la calle San José. Hoy día no se arrepiente de su decisión pues gracias al bar ha podido conocer a mucha gente buena.
Mientras charlamos, y entre cerveza y cerveza, salen unos langostinitos a la plancha, de esos que les chupas hasta las patas, y nos comenta que él sus productos los compra en la plaza de Cádiz, destacando los viernes que es cuando compra pescado y marisco fresco para el fin de semana normalmente en el puesto de Paco de la Rosa "que es de plena confianza".
Al terminar de hablar de los productos, la fuente de tortillitas de camarones ha aparecido sobre la barra,
